Un día me encontré con uno cuando viaje a Japón. Él estaba comiendo lechuga atrapado en las ramas y lo ayudé a salir. Cuando el terminó de comer, agarre mis oreos y se las dí. Se las comía a migas con sus manitos chiquititas.
Al día siguiente, el Nazormo estaba en mi puerta comiendo las galletas que les dí ayer. Yo le dije que era muy glotón. Me miró y siguió comiendo. Le toqué la espalda y tenía un pelaje suave y rojo. Cuando le saqué la mano de la espalda, él me tocó el pelo y se rió. Era un animal muy lindo. Yo me lo quería quedar pero la universidad no me dejaba.
Cuando me fui de Japón, el animal se puso muy triste y yo le dije que iba a volver a visitarlo.
Más tarde, en la universidad, cambié de carrera y empecé a estudiar medicina animal.
En diciembre, viajé a Japón otra vez y finalmente después de mucho tiempo, lo encontré. Terminé quedándome con él.
Al otro día, me di cuente de que tenía una imagen de su madre en el reflejo de los ojos. Lo investigué y me di cuenta de que no podían ser domesticados porque le agarraba una enfermedad muy grave e incurable. Me quede en Japón para siempre para poder estar con él todos los días y cuidarlo como si fuera mi mascota.
Pero que historia mas kawaii !! >.<
ResponderBorrarJajaja
BorrarAunque todavía hay bastantes errores, está mucho mejor, Zoe...
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