Érase una vez, una reina y
un rey. Un día la reina avisó que estaba embarazada de una niña. Después de nueve meses, los reyes la llamaron “Blancanieves”
por que cuando estaba por nacer, caía la nieve más blanca de todo el invierno.
Unos días antes de que naciera la bebé, la reina se enfermó y cuando nació la
hija, falleció por lo débil que se sentía.
Unos
meses después, una malvada bruja creó un hechizo para enamorar al rey para
después liquidarlo con el fin de tener el poder del reino. Cuando esta logró
aniquilarlo y conseguir ser reina, dejó a la pobre Blancanieves huérfana. Solo
tenía unos meses de edad.
En
una choza en el medio del bosque, se encontraban unos enanitos mineros
preparados par a irse. Mientras estaban cantando y yendo para sus minas, se
toparon con una bebé llorando alrededor de muchos animales. Los seis enanitos,
excepto el gruñón, estaban de acuerdo en adoptarla. Como ellos eran democráticos,
votaron y se terminaron quedando con la niña. Los enanos prometieron nunca
dejarla salir del bosque por seguridad.
Años
después, Blancanieves creció, cumplió siete años y era una hermosa muchacha,
responsable y educada. Cuando los pequeños mineros se iban a sus minas,
Blancanieves limpiaba la casita o cocinaba la cena.
Ella
siguió creciendo y creciendo, hasta que llegó a su decimocuarto cumpleaños.
Los enanitos le prometieron que saldría al bosque cuando ella cumpliera 14. Ella
no lo sabía, por eso esperó hasta que llegó el día. Cuando los 7 enanos fueron a
la mina, se escuchó un ruido de la puerta. Blancanieves gentilmente abrió y se
sorprendió al ver lo que había: era una anciana con un canasto de manzanas y
una gran berruga en la nariz. La señora mayor le ofreció una de sus deliciosas
manzanas. Los enanitos le habían advertido que no debía aceptar regalos de desconocidos.
Como Blancanieves estaba hambrienta, no tenía otra opción, terminó aceptando la
manzana. Cuando la anciana se fue, Blancanieves probó un mordizco. Pero al
rato, le empezó a doler la cabeza y se fue a dormir.
Al
otro día, se levantó; tenía dolor del cuerpo y no podía observar muy bien. Se
miró al espejo y se asusto por que su cara estaba llena de arrugas. Bajó a
desayunar y cuando vió a los enanos, también tenían arrugas y una joroba en la
espalda. Los ancianos tenían que saber como volver a la normalidad. El enano
dormilón, se fijó si había algo en el buzón y encontró una carta que decía cómo
romper el hechizo. Tenían que actuar como los ancianos por una semana. Tontín
con señas decía que esa carta podía ser falsa para que se la creyeran. Nadie le
hizo caso. El no confiaba en esa carta.
Después
de una semana, no pasó nada. Tontín tenía razón, la carta era falsa. Luego, a el
enano feliz se le ocurrió un plan: tenían que ir al castillo, sin que nadie los
vea. Después, ir con la reina, como ya sabía muchos hechizos, seguramente sabía
uno de volver a la normalidad. Para que la reina haga el hechizo la iban a
amenazar.
Cuando
lograron volver a la normalidad, volvieron a la choza y vivieron felices por
siempre.
FIN
Muy bien, Zoe. Quedó mucho mejor.
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